Miércoles 13 de julio. Mi misión: recoger un libro encargado por internet. El lugar: FNAC Las Arenas. En un principio parece fácil, sencillo y rápido de llevar a cabo. Pues bien, no lo fue.
Entré en el FNAC Las Arenas de Barcelona sobre las 13:10 pensando que en menos de 5 minutos estaría fuera disfrutando del placentero sol que hacía en la ciudad condal. Graso error. En un FNAC sabes cuándo entras pero no cuándo sales. Me dirigí al 'Servicio Post Venda' (SPV), que es dónde normalmente te entregan los pedidos realizados por internet. Con sumo placer me puse el último de la cola de 2 personas. Me coloqué estratégicamente en un punto dónde pensé que podría disfrutar, mientras esperaba, del aire acondicionado.
Detrás del mostrador había una chica joven y bajita que estaba atendiendo al primero de la cola telefoneando a la central, a la vez que atendía al segundo consultando el ordenador para comprobar alguna cosa. En un alarde de valentía, me pregunta: "¿Que desea?". Yo, impresionado por lo multitasking que podía llegar a ser esa chica, inicio mi frase: "Venía a recoger un pe...", "¿De qué?" me espeta ella sin dejarme terminar. "Un libro", murmuro asustado. "¡Tienes que ir a la sección de libros!" ladra la pequeña dependienta.
Sin dudarlo me escurrí por un pasillo buscando la sección de libros. Una vez localizada surgió otro problema, encontrar un mostrador en el que haya alguien. Mientras esperaba a encontrar a alguien que me pudiera ayudar, me dio por mirar el reloj, mi misión había fallado, llevaba 7 minutos dentro del FNAC. Por fin, encuentro a un pobre y asustadizo chico al que le digo "Perdona, he venido a recoger un pedido por internet de un libro" lo intenté decir lo mas rápido posible para evitar cortes en el mensaje. "U...un...un segundo...por favor", me contestó la boca del joven 'fnaquero', mientras en sus ojos se podía leer claramente: "No quiero estar aquí!! Socorro!!". Al cabo de unos 30 segundos vuelve para mandarme al mostrador que está justo al lado de la entrada aclarándome que mi pedido lo tienen allí preparado. Pues vale...
Sin más dilación me dirigí hacia el mostrador que me había indicado el chico asustado y me pongo en la cola, otra vez buscando el chorro de aire. Cuando me toca, le pregunto al corpulento dependiente de rasgos asiáticos, si era ahí dónde se recogían los pedidos por internet - y no es que dudara del chico de antes, no.... El dependiente hace que no con la cabeza y como si se supiera la lección de memoria - o como si se lo preguntasen cien mil veces al día - me da indicaciones para llegar al destino correcto. Sin mucho entusiasmo emprendo el camino hacia el teórico fin de esa pesadilla.
Me tuve que frotar los ojos tres veces. No me lo podía creer. El corpulento asiático me había mandado al SPV, o sea, a ver a la pequeña dependienta multitasking otra vez. "Hola, me han vuelto a mandar aquí", le digo. "Pero ¿Qué querías?", me suelta. (Pues nada que me aburría y he venido a dar una vuelta al FNAC, ¡no te jode!) "Vengo a recoger un pedido por int...", "Ah! Por internet?" me vuelve a interrumpir. "Sí...", murmuro yo sin fuerzas.
Después de dibujar un perfecto triángulo equilátero de mostrador en mostrador, de rellenar dos hojas, de soportar simpáticas, miedosos y bastos dependientes y de tardar más de 20 minutos en recoger un puto libro, salí del FNAC y me fui para casa con la sensación de haber participado en un pinball humano dónde yo era la bolita.
Bueno y qué libro era...que me dejas con la duda!! :)
ResponEliminaMaria
Dinero y conciencia de Joan Melé. Lo mejor de todo es que el libro no era para mí, era para Paula...XD
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